El Oscuro Secreto De Kushida Causó Su Caída Final
El Sonido de un espejo roto – El aterrador secreto de Kushida develado
“El colapso psicológico de Kushida Kikyō ante el vacío absoluto.”
Todo estaba calculado. Proteger el infame secreto de Kushida bajo una fachada impecable de ángel era mi obra maestra diaria.
Cada sonrisa, cada inflexión en mi voz, cada lágrima falsa derramada en los momentos precisos. Había tejido la red tan perfectamente que era imposible que fallara. Yo, Kushida Kikyō, la chica más querida y confiable de la clase, había orquestado el escenario ideal para deshacerme de la única persona que amenazaba mi sagrado refugio. Ayanokōji Kiyotaka iba a ser expulsado hoy. Era un simple hecho. Las matemáticas sociales estaban de mi lado.
Entonces, ¿por qué?
¿Por qué mis manos están temblando debajo del pupitre?
—Como pueden ver en este registro de votaciones y en los audios interceptados —la voz de Ayanokōji resonó en el aula, tan aburrida y carente de vida como siempre—. Ha habido un intento coordinado de manipular los resultados del examen especial. Y el nodo central de esa manipulación… eres tú, Kushida.
Un silencio sepulcral cayó sobre la Clase D. Era un silencio tan absoluto, tan pesado, que sentí que la presión del aire me iba a reventar los tímpanos.
No. No. No, no, no, no.
—¿Eh…? ¿Qué… qué estás diciendo, Ayanokōji-kun? —Mi voz salió exactamente como debía salir: temblorosa, impregnada de una inocencia herida y confusión. Mis ojos se llenaron de lágrimas casi por reflejo—. Yo nunca haría algo así. Todos… todos saben que yo solo quiero que la clase esté unida. Mírame, por favor. ¿Por qué me acusas de algo tan horrible?
Miré a mis compañeros. Busqué a Ike, a Yamauchi… no, él ya no estaba. Busqué a Shinohara, a Matsushita. Esperaba que alguien saltara a mi defensa, que alguien gritara “¡Deja a Kikyo-chan en paz!”.
Pero nadie se movió. Las miradas que me devolvieron no eran de apoyo. Eran de duda. De sospecha.
Ayanokōji no se inmutó. No mostró ningún rastro de triunfo, de venganza o de ira. Simplemente levantó su teléfono celular.
—Este es el archivo de audio de la conversación que tuviste con Ryūen en la escalera trasera hace tres días a las 18:00 horas —declaró con frialdad—. Reproduciré la parte donde ofreces detalles confidenciales sobre las debilidades emocionales de Hirata y Karuizawa a cambio de mi expulsión garantizada.
¡Imposible! ¡Ese lugar estaba vacío! ¡Revisé cada maldito rincón antes de hablar!
La Evidencia Irrefutable sobre el Secreto de Kushida
El audio se reprodujo.
“Ese pedazo de basura inexpresiva… quiero que desaparezca. Lo quiero fuera de esta escuela hoy mismo. Si lo haces, te daré lo que quieras saber sobre Horikita y los demás idiotas felices de mi clase. Todos me dan asco…”
Era mi voz. Absolutamente indiscutible, era mi verdadera voz, la que escondía bajo capas de azúcar y perfume. Aquella cruda vibración, ronca de puro odio y resentimiento, inundó la sala.
La clase estalló en murmullos. Pude escuchar a Shinohara jadear. Vi cómo los ojos de Sakura se abrían con horror.
Aquel espejo que había construido con años de esfuerzo, sudor, sonrisas forzadas y estrés asfixiante tembló. Esa perfecta ilusión de cristal que me mostraba frente al mundo como un ángel intocable… se estaba resquebrajando frente a mis propios ojos. Finalmente, el sonido que hizo al romperse por completo fue el tecleo monótono del pulgar de Ayanokōji en su celular.
—Ayanokōji-kun… ¡E-es un montaje! ¡Alguien imitó mi voz! ¡Tú me odias y por eso hiciste esto! —Grité, levantándome de golpe. La silla rechinó violentamente contra el suelo.
Fig 1.1: La humillación pública y el mayor secreto de Kushida revelado en el examen especial.
Pero mis palabras ya no tenían el mismo efecto. La ilusión se había roto. La dulce fachada había muerto en el instante en que la cruda realidad sobre el secreto de Kushida resonó en las paredes del aula.
Ayanokōji finalmente me miró directamente a los ojos.
Sus ojos. Esos malditos ojos marrones que nunca reflejaron la luz. A diferencia de las personas normales, que muestran asco, victoria o desprecio cuando arrinconan a un enemigo, él no mostraba nada. Estaba disecando una rana en un laboratorio de biología. Para él, mi agonía social, la destrucción de mi mismísima alma, era solo un trámite administrativo.
Monstruo. Es un maldito monstruo. No es humano.
—Además del audio —continuó, despidiendo mi patética defensa como si fuera aire—. He dejado una copia impresa del flujo de puntos privados desde tu cuenta a la de estudiantes de la Clase C bajo un esquema estructurado. Los recibos digitales no pueden ser falsificados. El director en funciones ya ha verificado su autenticidad.
Se acabó.
La pared contra la que me apoyaba desapareció. Un vértigo nauseabundo se apoderó de mi estómago. Todo el odio que había acumulado durante años, todas las verdades asquerosas de las personas que guardaba en mi mente para sentirme superior, todo eso ya no servía de nada.
El Despertar del Monstruo
Mi mente buscó frenéticamente una salida. *Tengo que amenazarlo. Mostrarle que caeré, pero me lo llevaré conmigo. Contaré todos sus secretos. Le diré a la escuela lo que Karuizawa hizo, lo que Horikita…*
Pero cuando abrí la boca, sabiendo que el peor secreto de Kushida Kikyō ya era de dominio público y no tenía sentido fingir mi voz dulce, mi mirada se cruzó de nuevo con la suya.
Y por primera vez en mi vida, sentí verdadero, profundo y paralizante terror.
En el fondo de esos ojos desalmados, entendí un mensaje silencioso. Él no expuso todos mis secretos. Me cortó las piernas para que no pudiera correr, pero no me decapitó. Si en este momento yo intentaba detonar a la clase revelando los secretos de los demás, él usaría el resto del arsenal que, sin duda, ya tenía preparado para destruirme hasta dejarme en la calle, expulsada y con mi futuro destrozado permanentemente.
Me había mantenido viva. Como una mascota con collar a la que acababa de darle la golpiza de su vida para que aprendiera quién era el amo.
—¿Entonces? —preguntó Ayanokōji, guardando el celular en su bolsillo con la mayor naturalidad del mundo—. ¿Hay alguna otra objeción, Kushida? ¿O podemos proceder con la votación del examen especial?
Miré a la clase. Mis compañeros. Mis queridos amigos, que ahora me miraban como si fuera una cucaracha que acababa de salir de debajo de la alfombra. Horikita me observaba con una mezcla de lástima e ira.
Mi pecho subía y bajaba rápidamente. Ya no podía respirar. Mis uñas se clavaron en la carne de las palmas de mis manos con tanta fuerza que sentí el líquido cálido brotar.
Te odio. Te odio. Te odio, Ayanokōji Kiyotaka. Te maldigo.
Pero mis labios no pronunciaron esas palabras. El instinto de supervivencia de un animal enjaulado me obligó a tragarme mi propio veneno, mi propio orgullo, mi propia identidad.
Me desplomé débilmente de nuevo en la silla, escondiendo mi rostro ensombrecido detrás de mi flequillo, dejando que las sombras devoraran mis facciones.
—No… no hay objeciones —susurré, con la voz vacía, mientras el último pedazo del espejo crujía, convirtiéndose en polvo bajo los zapatos de Ayanokōji Kiyotaka, sepultando el oscuro secreto de Kushida para siempre.
Palabras del Autor // Kinugasa
¡Hola a todos, soy Kinugasa! Espero que el clima por allá esté siendo más amable que aquí. He estado con un resfriado intermitente que me ha mantenido moqueando sobre el teclado durante la última semana. Eso, sumado a mis eternos dolores lumbares de los que ya están hartos de escuchar, ha hecho que este mes sea un poco doloroso. Sin embargo, no hay dolor que un par de latas de bebida energética y algo de dedicación no puedan opacar (por favor, ignoren mis malos hábitos de salud).
Hoy les presento una nueva Short Story generada en nuestra “Fábrica de What-Ifs”. Para esta ocasión, decidí sumergirme en uno de mis rincones psicológicos favoritos: la cabeza de Kushida Kikyō.
Escribir a Kushida siempre es un placer culposo. Es un personaje complejo, y revelar el gran secreto de Kushida frente al muro absoluto que representa Kiyotaka siempre genera chispas. Esta historia captura su punto de quiebre absoluto. El momento exacto donde la fachada colapsa y el terror puro se asienta. Es cruel, es oscuro, pero creo que refleja a la perfección cómo se moverían las piezas en un escenario como ese.
Agradecimientos como siempre a Tomose-san por dar vida a estos monstruos adolescentes en la novela principal. Ver las caras de pánico o vacío que dibuja siempre es inspirador.
¡Disfruten de este pequeño viaje hacia la oscuridad de Kushida! Cuídense en sus exámenes y no confíen ciegamente en nadie… nos vemos en el siguiente relato.

