Shiina Hiyori SS: Un Epílogo No Escrito (Resumen Año 2 Vol. 3)

El mundo dentro de las páginas de un libro es perfecto. Está completo, cerrado y protegido de las variables externas. Sin embargo, la realidad de la Escuela Metropolitana de Educación Avanzada es imperfecta, caótica y, a menudo, cruel.
Caminaba junto a Ayanokōji-kun bajo el cielo que comenzaba a teñirse de naranja. El silencio entre nosotros no era pesado; era el tipo de silencio cómodo que se comparte después de leer un buen capítulo. Sin embargo, una pequeña parte de mí sentía una punzada de melancolía.
Había rechazado nuestra invitación. No vendría a mi clase.
Lógicamente, entendía su decisión. La estrategia, las alianzas, los puntos de clase… todo eso dictaba nuestros movimientos. Pero emocionalmente, había temido que el rechazo de la transferencia significara también el fin de nuestras tardes en la biblioteca. Temía que nos convirtiéramos puramente en “enemigos”.
—Ah…
Dejé escapar un sonido involuntario. Mis ojos se detuvieron en un pequeño carrito estacionado cerca de la entrada principal. Era una vista inusual en este campus estrictamente controlado: una venta de flores.
Los colores vibrantes de las flores contrastaban con el concreto gris de la escuela. Nos detuvimos.
—Son preciosas… —murmuré.
No tenía intención de comprar nada. Simplemente apreciaba la belleza efímera que representaban, un breve descanso visual antes de volver a la estrategia y la competencia. Observé una flor en particular, una amapola solitaria envuelta con cuidado. Me parecía que esa flor tenía una dignidad tranquila, similar a la de los libros que tanto amaba.
—¿Puedo llevármela? —preguntó una voz a mi lado.
Me giré, sorprendida. Ayanokōji-kun estaba señalando la misma flor.
—¿Una sola está bien? —preguntó la vendedora.
—Sí. Justo porque es una sola, me parece preciosa.
Ayanokōji-kun sacó su teléfono. Su perfil, iluminado por la luz del atardecer, permanecía tan inescrutable como siempre. No había cálculo en sus ojos, ni esa frialdad estratégica que a veces intuía en él.
—No, no, no, Ayanokōji-kun. Déjalo, yo lo compro —intenté intervenir. No había razón para que él gastara sus puntos privados en algo que yo había señalado.
—No, déjame regalártelo.
Sus palabras detuvieron mis protestas.
—Es para disculparme por haberte hecho esperar un mes. Quizás no sea suficiente, pero…
Analicé sus palabras. Una disculpa. Por no haber ido a la biblioteca. Por el rechazo implícito de nuestra alianza. El costo de la flor era insignificante en términos de puntos privados. Menos de 400 puntos. Económicamente, era una transacción trivial. Pero el valor semántico de la acción era incalculable.
Él no estaba cortando lazos. Estaba reparando el puente que yo temía que se hubiera roto.
—No, qué va. Me hace mucha ilusión.
Acepté. No podía rechazar un gesto que borraba todas mis inseguridades recientes.
Cuando la vendedora le entregó la flor, él se giró hacia mí.
—Muchas gracias.
—No es nada. Es solo una forma de disculparme, para sentirme mejor.
Dijo eso, pero sentí que había algo más. Quizás era mi imaginación, proyectando mis propios deseos en su comportamiento estoico, pero sentí una calidez genuina.
Tomé la amapola. Era ligera, frágil. Al mirar la flor, y luego mirar a Ayanokōji-kun, sentí que algo se desbordaba dentro de mí. Una emoción que no estaba catalogada en ninguno de los libros de misterio que solíamos leer.
El alivio. La alegría. La certeza de que, a pesar de las clases, a pesar de los exámenes, este vínculo existía.
Sin darme cuenta, mi visión se volvió borrosa.
—¿Por qué lloras? —preguntó él, con su tono habitual, carente de pánico pero lleno de observación.
Ah, estaba llorando. Toqué mis mejillas. Estaban húmedas. Qué comportamiento tan ilógico. No había nada triste en recibir una flor.
—Para mí, hasta que te he visto, Ayanokōji-kun, era un día normal —dije, tratando de articular la complejidad de mis sentimientos—. Ahora, este momento de felicidad y plenitud me parece un sueño y no puedo creer que sea real… Me alegro mucho… De verdad. Qué bien que no nos hayamos distanciado.
Esa era la verdad central. No me importaba la Clase A en este momento. Solo me importaba que nuestro rincón de silencio en la biblioteca permaneciera intacto.
—Yo también estoy igual —respondió él—. Iba a ser un día normal. Pero se ha convertido en un día muy intenso. Es verdad.
Sus palabras resonaron con las mías. Sincronía. Bajo el cielo del atardecer, abracé la flor de amapola.
Este no era el final de una historia. Era un marcador de páginas, colocado cuidadosamente en el capítulo más importante de mi vida escolar, asegurando que, sin importar cuánto tiempo pasara o cuán dura fuera la batalla, siempre podríamos volver a esta página.
Palabras del Autor
Hola a todos, soy Kinugasa Syougo.
Gracias por leer esta SS de Hiyori. En la historia principal del Año 2 Volumen 3, esta escena marca un punto de inflexión sutil pero crucial. Hiyori, quien a menudo actúa como una observadora pacífica en una clase agresiva (Clase C de Ryūen), encuentra en Ayanokōji un refugio intelectual.
El regalo de la flor no es romántico en el sentido tradicional de una novela ligera escolar, sino una confirmación de “existencia”. Para Ayanokōji, que calcula el costo-beneficio de las relaciones, este fue un acto impulsivo de “mantenimiento de relaciones humanas”. Para Hiyori, fue la confirmación de que no es solo una enemiga más en el tablero.
Espero que disfruten de cómo estas pequeñas interacciones “ineficientes” construyen la base para los conflictos emocionales que vendrán más adelante. ¡Nos vemos en el próximo volumen!


