Classroom of the Elite SS: El Secreto de Horikita y la Garra

Ayanokouji y Horikita

La Calma en el Centro Comercial Keyaki

El centro comercial Keyaki estaba inusualmente tranquilo para ser un día festivo.

Caminaba junto a Ayanokōji-kun, manteniendo una distancia que no era ni demasiado cercana ni demasiado lejana. Era esa distancia ambigua que siempre habíamos mantenido, pero que últimamente sentía cargada de una electricidad estática diferente.

—Entonces, ¿tu plan para el próximo examen especial se basa enteramente en la defensa? —pregunté, tratando de llenar el silencio con temas académicos. Era mi zona de confort.

—No necesariamente. La defensa es solo la base. Si encontramos una apertura, atacaremos. Pero no tiene sentido arriesgarse ahora que la diferencia de puntos con la Clase A se ha reducido.

Su respuesta fue, como siempre, lógica y desprovista de emoción. Sin embargo, había aceptado mi invitación para “discutir estrategias” sin dudarlo.

Mientras hablábamos, pasamos frente a la sala de juegos. El sonido electrónico y las luces parpadeantes se derramaban hacia el pasillo.

—Nunca he entrado ahí —comenté, deteniéndome un momento.

Ayanokōji-kun se detuvo también y miró hacia el interior.

—Es un lugar para matar el tiempo. ¿Quieres entrar?

—No veo la utilidad productiva, pero… supongo que observar el comportamiento de los estudiantes en su tiempo libre podría tener algún valor sociológico.

Era una excusa barata. Lo sabía. Él probablemente también lo sabía. Pero Ayanokōji-kun simplemente asintió y entró.

Probabilidad vs. Mecánica: El Desafío de la Grúa

El aire dentro era ruidoso. Observé las máquinas con curiosidad. Había estudiantes de primer año golpeando topos con mazos y parejas de segundo año compitiendo en carreras de autos.

Mis ojos se posaron en una máquina cerca de la entrada. Un juego de grúa. Dentro, montañas de peluches de gatos con expresiones tontas y redondas se amontonaban de forma precaria.

—¿Te gustan los gatos?

La pregunta de Ayanokōji-kun me sobresaltó.

—No es que me gusten especialmente. Solo estaba analizando la física detrás de este mecanismo. La garra parece tener una fuerza de agarre deliberadamente débil para asegurar que la casa gane la mayoría de las veces. Es una estafa probabilística.

—Tienes razón. Pero hay técnica involucrada. El centro de gravedad, el ángulo de la garra, la rotación.

Ayanokōji-kun se acercó a la máquina. Sacó una moneda de 100 puntos de su bolsillo.

—¿Vas a jugar? —pregunté, sorprendida.

—Nunca he probado una de estas. Experiencia de aprendizaje.

Introdujo la moneda. La música alegre comenzó a sonar.

Observé su perfil mientras movía la palanca. Su expresión no había cambiado ni un ápice. Era la misma cara que ponía cuando resolvía problemas matemáticos complejos o cuando manipulaba el resultado de un examen especial.

La garra se movió hacia la derecha, luego hacia atrás. Se detuvo sobre un gato blanco con una corbata roja ridículamente pequeña.

—Ese está en una mala posición —analicé—. El centro de gravedad está demasiado lejos del punto de agarre. Se deslizará.

—Ya veremos.

Presionó el botón. La garra bajó.

Tal como predije, la garra agarró al muñeco, lo levantó unos centímetros y, al sacudirse en el ascenso, el gato se soltó.

—Lo ves. Es inútil.

—Una vez más.

Ayanokōji-kun insertó otra moneda.

—Es un desperdicio de puntos. Ya comprobaste la mecánica.

—La primera vez fue para probar la fuerza del agarre. Ahora sé cuánto cede el brazo izquierdo de la garra.

Movió la palanca de nuevo. Esta vez, no apuntó al centro del muñeco. Apuntó ligeramente hacia un lado, usando uno de los brazos de la garra para empujar el muñeco en lugar de agarrarlo, haciéndolo rodar hacia el borde del precipicio.

El gato cayó por el hueco con un sonido sordo.

Plop.

Me quedé mirando la máquina, parpadeando.

Un Cálculo Inesperado y el Aleteo de la Mariposa

—Calculado —dijo él, agachándose para recoger el premio.

Se levantó y se giró hacia mí. En sus manos sostenía el gato blanco de aspecto tonto.

—Ten.

Me extendió el muñeco.

—¿Eh?

—No tengo uso para esto en mi habitación. Solo quería probar si podía sacarlo.

—Pero… yo tampoco tengo uso para…

—Tómalo. Considéralo una compensación por acompañarme a perder el tiempo.

Dudé un segundo, pero finalmente extendí las manos y tomé el peluche. Era suave al tacto. El gato tenía una expresión de indiferencia que, irónicamente, me recordaba un poco a la persona que tenía enfrente.

—Gracias… —murmuré, bajando la vista hacia el muñeco para evitar mirar a Ayanokōji-kun a los ojos.

De repente, sentí un calor subir por mi cuello y llegar a mis mejillas.

No era por el regalo en sí. Era la situación. La normalidad de la escena. Un chico y una chica, en un arcade, ganando un premio. Era el tipo de cliché que solía despreciar en las novelas románticas baratas.

Pero ahora, sosteniendo este objeto suave que él había tocado hace un momento…

(Ah… otra vez…)

Esa sensación familiar y aterradora en mi pecho. Ese aleteo, como si una mariposa estuviera atrapada contra mis costillas, golpeando suavemente.

Ba-dump. Ba-dump.

El ruido del arcade pareció desvanecerse, dejándome sola con el latido de mi propio corazón.

—¿Horikita? ¿Estás bien? Estás un poco roja. ¿Hace calor aquí?

Levanté la vista. Ayanokōji-kun me miraba con esa curiosidad vacía suya, inclinando ligeramente la cabeza.

—N-no es nada —dije, mi voz sonando un poco más aguda de lo habitual. Apreté el gato contra mi pecho, tratando de ocultar mi turbación—. Es solo que… el aire aquí está viciado. Deberíamos salir.

—De acuerdo.

La Variable Desconocida

Él comenzó a caminar hacia la salida.

Caminé un paso detrás de él, mirando su espalda.

Ese aleteo en mi corazón no desaparecía. De hecho, al mirar su espalda ancha y tranquila, sentí que se intensificaba, mezclándose con una extraña sensación de dolor y dulzura.

Miré al gato en mis manos.

(Supongo que… no es tan feo después de todo).

Pensé, mientras una pequeña sonrisa involuntaria se dibujaba en mis labios, oculta a los ojos de Ayanokōji-kun.

🖊️ Comentario del Autor

Hola a todos, soy Kinugasa Syougo.

Aquí presento una pequeña historia extra imaginando un escenario cotidiano. En la historia principal, las tensiones están siempre al límite con los exámenes especiales y las conspiraciones, por lo que rara vez vemos a estos dos interactuar en un entorno puramente lúdico como un arcade.

Quise explorar cómo Horikita, quien recientemente ha comenzado a darse cuenta de sus sentimientos inconscientes (como vimos en su SS del Vol. 10 del Año 2 y Vol. 1 del Año 3), reaccionaría ante un gesto típico de “cita” por parte de Ayanokōji. Él, por supuesto, lo hace sin ninguna intención romántica, simplemente como un experimento de física y mecánica.

Ese contraste entre la frialdad analítica de él y la creciente confusión emocional de ella es algo que disfruto escribir. ¡Espero que lo hayan disfrutado!

Horikita Suzune – Classroom of the elite
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